Lo prometido es deuda, así que toca hablar de esa ciudad en la que residí un año, es decir, Teherán (o Tehran en persa). Aunque tenga algunos palacios de la época del sha, museos como el de las joyas, alguna mezquita y mausoleos, como el del Emam Khomeini (léase Jomeiní), no estamos ante una ciudad que destaque por su arquitectura ni por su belleza, y por distintos factores pasear por sus calles tampoco es excesivamente agradable.
Estamos ante una megalópolis de 640 kilómetros cuadrados que pasa por ser la más grande de oriente medio, y la decimonovena en el mundo. En cuanto al número de habitantes, los últimos censos hablan de unos 8,5 millones de habitantes, pero eso sólo en el la ciudad propiamente dicha. Si contamos el área metropolitana es probable que se superen los quince millones de habitantes, y si a eso añadimos poblaciones que están en un radio de menos de cincuenta quilómetros, como Karaj (léase Karach), podríamos hablar de cerca de 20 probablemente.
La ciudad tiene dos zonas claramente diferenciadas. El centro-sur es una parte económicamente más deprimida, donde viven las clases más bajas. Es una zona más llana, más contaminada también y que destaca por viviendas de poca altura y porque las calles están mejor trazadas. El norte se asienta irregularmente sobre las faldas de la impresionante cordillera Elborz, cuyo pico más alto, el Damavand, tiene 5768 metros de altitud. Aquí vive la gente pudiente, las casas son mucho más grandes, las calles normalmente están en cuesta y caóticamente trazadas, por eso es fácil perderse si no se conoce bien, y es bastante frecuente ver rascacielos, aunque tampoco es anormal ver una torre de 40 plantas, y a su lado un chalet (eso pasa en el barrio Jordan por ejemplo, donde está la oficina comercial). Normalmente, cuanto más arriba se esté más caro cuestan las viviendas, porque hay menos polución.
Otra particularidad que llama la atención es la diferencia de altitud entre el norte y el sur (incluso los climas son diferentes). El sur está a unos mil metros de altitud, la zona de la oficina comercial a unos 1500, y la parte más al norte a 1800 aproximadamente. Por lo tanto, alguien que se desplace desde el mausoleo de Khomeini (borde sur de la ciudad) hasta la parte de arriba de la calle Velenjak (límite por el norte) estará salvando un desnivel similar al de Alpe D´Huez u otros puertos míticos del Tour de Francia.
Lo que más me llamó a mi la atención al llegar a Teherán es la contaminación, que es descomunal, yo nunca había visto nada parecido. Como anécdota, decir que el primer día que yo llegué, al salir del aeropuerto, el fuerte olor a gasolina me revolvió muchísimo el estómago. Aún dentro del hotel donde nos quedamos la primera noche lo segíua percibiendo, metí la cabeza debajo de las sábanas y ni por esas se marchaba el tafu a gasofa. Al final, la solución de urgencia fue tapar los agujeros de la nariz con papel higiénico y respirar por la boca para poder dormir. Los primeros días tenía el estómago tan revuelto que no tenía ni ganas de comer. Por desgracia, el cuerpo se acaba acostumbrando, pero no sé si estar tanto tiempo expuesto a todo ese detritus me habrá quitado algunos años de vida, el tiempo lo dirá. Para los que no lo sepan, Teherán es la segunda capital más contaminada del mundo, sólo la supera México D.F. Es habitual ver la capital iraní cubierta por una densa borrina o ñublina de contaminación. Algunos factores para ello podrían ser:
- La polución queda atrapada por los montes Elborz, ya que los vientos predominantes tienden a empujarla hacia allí, y por eso no puede salir hacia el Mar Caspio, que está a poco más de 200 kilómetros en línea recta.
- Ahora no sé como está este aspecto, pero antes el transporte público estaba fatal. Los autobuses apenas pueden usarse porque los recorridos que hacen no se suelen ajustar a lo que se necesita, y el metro no llega al norte, ahora quizá sí lo haga, porque lo estaban ampliando. La única opción para desplazarse son los taxis, dado que además la gasolina estaba subvencionada y era baratísima. Además, la inmensa red de autopistas que tiene Teherán, con varias “freeways” como las llaman por allí atravesando la ciudad de norte a sur y este a oeste parece que invitan a moverse en coche. Asimismo, el parque movil es muy antiguo, quitando el norte, donde se puede ver algún todoterreno de marcas occidentales. La mayor parte de los coches usan gasolina con plomo y tienen más de diez años de antigüedad. Destaca el Paykan, un modelo que se vendió como churros hasta principios de los dos mil, y que no sé que problema tiene en la combustión, pero sus escapes huelen que apestan, además de eso tienen el problema de que parte del escape se les va hacia los conductos de ventilación, vamos que yo hacía los trayectos en ese coche con la cabeza metida en una bolsa para no condecorar la tapicería. Otros coches que se ven mucho son el Kía Pride, el Saipa Saba (ye el mismu motor que el Pride y casi que el mismo acabado, pero llamenlu diferente, mira que son raros…), el Iran Khodro Samand (este tira bastante bien, pero el del taxista que me solía llevar a mi al aeropuerto andaba algo gripau y calábase en medio de la autopista) o el Peugeot 405 iranizado, allí llámenlu Peugeot Pars. Muchos de estos coches tienen modelos híbridos, que van con gasolina y CNG, usease, gas natural, pero cuando queman gas natural tiran poquísimo, y cuando la carretera pica para arriba hacen la goma cual Paquito Mancebo en el Galibier. Los Paykan son de tracción trasera. Si a alguno le gusta el deporte de riesgo, que vaya a Teherán durante una nevada (en invierno son bastante frecuentes) y que pare un taxi Paykan, sabrá lo que se siente al hacer patinaje sobre hielo.
Los atascos son descomunales. Yo a veces bajaba del trabajo caminando a casa, y durante el tiempo que transitaba por Jordan los coches no avanzaban ni diez metros. Para desplazarse del barrio normalmente hay que tener un plan que realmente motive, porque si es hora punta uno se arriesga a estar más de una hora en el taxi. Ir andando es imposible, yo lo intenté alguna vez pero desistí, las distancias son enormes. Y ya si nieva mejor ni hablamos, la mejor receta en esos casos es quedar en casa, o uno se arriesga a hacer noche en el asiento trasero del taxi. ¿Y cómo conducen? Buff, eso da para otro post, tiene su miga ese escabroso tema.
Bueno, para ser el primer post de esta nueva era ha quedado un ladrillo tremendo, habrá que poner alguna foto para rebajarlo:
Esta es una foto de la cordillera Elborz desde la plaza de Tajrish (se pronuncia Tachrish más o menos).
Atardecer en la plaza anteriormente mencionada, con las torres de Teherán norte de fondo.
Edificio llamativo de Teherán
Cine Azadi (azadi en persa quiere decir libertad).
Vista de Teherán desde un teleférico que hay en la zona norte (Darband).
Estanque del parque Mellat, muy cerca de donde yo vivía. Uno de los pulmones de Teherán.
Estos murales en los edificios son típicos después de la revolución. Es típico ver pintadas contra USA, los caretos de los mártires de la guerra contra Irak, o reproducciones de Khomeini o el actual lider supremo, Ali Khamenei.
Calle nevada en el barrio de Jordan. La ciudad se colapsa pero el paisaje es bonito.
Los lujosos edificios del barrio de Jordan. ¿Parece Teherán? Yo diría que no, pero doy fé de que lo es, de hecho ahí vivía mi compañero David.
Calle Vali-asr, mide 22 kilómetros. Desde luego, en Teherán son bastante largas (las calles).
Terraza del parque Hesabi. Aquí era donde tomábamos el legendario brunch de los viernes. Tiene réplicas en miniatura de los principales monumentos del país. Apréciese en primer término la réplica de Borg-e-Azadi, usease, la torre de la libertad.
Zona centro de Teherán. Esta foto está hecha enfrente del palacio Golestan. Muy cerca está una de las entradas del Gran Bazar, que es tán enorme que te puedes perder ahí dentro.
Para ser el primer post está bien, aún me quedan más fotos chulas de la capi, pero quedarán para la siguiente ocasión.











